Inicio > Blog > Hábitos saludables > Caminar descalzo: qué dice la ciencia sobre el grounding y sus beneficios reales

¿Puede algo tan simple como caminar descalzo influir en la inflamación, el estrés o la calidad del sueño? Algunos estudios sugieren que sí. Esta idea está en el centro del Grounding o Earthing, un término que hace referencia al contacto directo con la tierra, ya sea caminando sobre la hierba, la arena o cualquier otra superficie natural.

Aunque caminar descalzo es una práctica tan antigua como la propia humanidad, hoy es algo que hacemos cada vez menos. Sin embargo, durante los últimos años esta costumbre ha vuelto a despertar interés, llamando también la atención de investigadores que buscan entender qué hay detrás de los posibles beneficios que muchas personas afirman experimentar.

Persona caminando descalza en la montaña practicando grounding o earthing
Practicar earthing descalzo en la naturaleza ayuda a reconectar con la tierra

La idea central del earthing es que el cuerpo humano, al estar en contacto directo con la tierra, intercambia cargas eléctricas con la superficie terrestre. El suelo tiene una carga eléctrica negativa. Nosotros, después de un día lleno de estrés, pantallas y suelas de goma, tendemos a acumular carga positiva. El contacto directo con el suelo podría, según esta hipótesis, equilibrar esa carga.

El físico alemán Winfried Otto Schumann describió en los años 50 las resonancias electromagnéticas naturales que existen entre la superficie terrestre y la ionosfera —las llamadas resonancias Schumann—. A partir de ahí surgieron distintas hipótesis sobre la posible interacción entre el organismo humano y ese entorno electromagnético. Muchas siguen siendo objeto de debate. Pero el interés científico existe, y eso ya dice algo.


Una de las hipótesis más extendidas propone que los electrones libres presentes en la superficie terrestre podrían actuar como antioxidantes naturales, ayudando a neutralizar parte de los radicales libres que el organismo genera durante sus procesos metabólicos normales. Los radicales libres son moléculas inestables que, en exceso, contribuyen al daño celular y a la inflamación crónica.

Si esta transferencia de electrones realmente ocurre al caminar descalzo, el impacto podría ser relevante. Pero hay que subrayar el condicional: si ocurre, y en qué magnitud, sigue siendo una pregunta abierta.


Varios estudios publicados en revistas como el Journal of Inflammation Research o el Journal of Alternative and Complementary Medicine han observado cambios en marcadores biológicos asociados al grounding:

Cambios en la circulación sanguínea y en el índice de perfusión periférica tras 40 minutos de contacto con el suelo.

Reducción de marcadores inflamatorios, incluyendo cambios en citoquinas y en el recuento de leucocitos y linfocitos.

Mejora de la variabilidad del ritmo cardíaco, un indicador de equilibrio del sistema nervioso autónomo.

Disminución del cortisol nocturno en personas que durmieron conectadas a la tierra, con mejoras reportadas en calidad del sueño y niveles de dolor.

Un estudio con ratas publicado en Biomedicines encontró también una reducción en marcadores de estrés como el factor liberador de corticotropina (CRF) en el cerebro tras el uso de alfombrillas de grounding. Extrapolarlo a humanos requiere cautela, pero añade contexto al conjunto de la evidencia.


Un estudio alemán publicado en Frontiers in Pediatrics comparó las habilidades motrices de niños que crecían descalzos con las de niños que usaban calzado habitualmente. Los resultados mostraron que los primeros desarrollaban mejores habilidades motoras y de coordinación. También se observó una mayor integración entre la percepción sensorial y el movimiento.

Esto no significa que haya que prohibir el calzado infantil. Pero sí invita a reflexionar sobre cuánto tiempo pasan los niños —y los adultos— con los pies completamente aislados de cualquier superficie.

Luis Henrique caminando descalzo sobre el césped practicando grounding o earthing
Luis Henrique, entrenador del PSG, practicando grounding descalzo sobre el césped. Foto: El Mundo.

Gran adepto a poner los pies en la Tierra (en su caso, en el césped) atribuye al Grounding la desaparición de sus alergias y afirma además, que esa conexión a la tierra le ayuda a disminuir el estrés antes de un partido.

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Al aire libre

La forma más directa es también la más sencilla: quitarse los zapatos y caminar sobre una superficie natural. Hierba, arena húmeda, tierra, piedra natural, madera sin tratar. Lo que tengas a mano.

La mayoría de los estudios que muestran resultados usaron sesiones de entre 20 y 40 minutos. No es una cifra mágica, pero da una referencia orientativa. Si no puedes llegar a eso, incluso 10 minutos regulares pueden marcar una diferencia, especialmente si los combinas con un entorno tranquilo y alejado del ruido urbano.

Opciones para quienes no pueden salir a la naturaleza

Para quienes viven en ciudad y no tienen acceso fácil a superficies naturales, han aparecido en el mercado productos conductores diseñados para simular ese intercambio eléctrico: alfombrillas, sábanas, bandas para el cuerpo y parches que se conectan a la toma de tierra de los enchufes domésticos.

La evidencia sobre estos productos es todavía más preliminar que la del grounding al aire libre. El estudio con ratas mencionado antes usó alfombrillas de este tipo y observó reducción en marcadores de estrés, pero trasladar esos datos a la práctica humana cotidiana requiere más investigación. Son una opción a considerar, no una solución equiparable al contacto real con la naturaleza.


Lo que la evidencia no puede (todavía) confirmar

El grounding no es un tratamiento médico. No sustituye ninguna intervención para condiciones inflamatorias, autoinmunes o de otro tipo. Lo que los estudios sugieren es que podría ser una herramienta complementaria con potencial, no un remedio universal.

Parte de los efectos observados podrían explicarse sin necesidad de invocar la transferencia de electrones: el simple hecho de pasar tiempo al aire libre, moverse más, reducir el estrés de la jornada laboral y reconectar con el entorno natural tiene efectos bien documentados sobre la salud. Que caminar descalzo amplifique esos efectos, o que añada algo propio, es lo que la investigación todavía intenta separar.

Lo que sí parece claro es que el coste de probarlo es prácticamente nulo. No requiere equipamiento, no tiene efectos secundarios conocidos y, en el peor caso, pasas tiempo al aire libre en contacto con la naturaleza. Hay peores experimentos que hacer.

En casa con productos conductores

Para quienes viven en ciudad y no tienen acceso fácil a superficies naturales, han aparecido en el mercado productos conductores diseñados para simular ese intercambio eléctrico: alfombrillas, sábanas, bandas para el cuerpo y parches que se conectan a la toma de tierra de los enchufes domésticos.

La evidencia sobre estos productos es todavía más preliminar que la del grounding al aire libre. El estudio con ratas mencionado antes usó alfombrillas de este tipo y observó reducción en marcadores de estrés, pero trasladar esos datos a la práctica humana cotidiana requiere más investigación. Son una opción a considerar, no una solución equiparable al contacto real con la naturaleza.


Antes de que existieran las zapatillas, el asfalto o el parqué, los pies humanos tocaban el suelo directamente. Durante miles de años, ese contacto fue constante. Hoy es casi inexistente.

La evidencia científica todavía es limitada, y el grounding no reemplaza ningún tratamiento médico —si tienes una condición inflamatoria o autoinmune, es un complemento, no una solución. Pero muchas personas experimentan una sensación de bienestar real al andar descalzos sobre la hierba, la arena o la tierra. Y eso también cuenta.

Quizás no necesitamos esperar a que la ciencia lo confirme todo para recuperar algo tan simple como quitarnos los zapatos de vez en cuando.


  1. Oschman JL, Chevalier G, Brown R. The effects of grounding (earthing) on inflammation, the immune response, wound healing, and prevention and treatment of chronic inflammatory and autoimmune diseases. Journal of Inflammation Research. 2015;8:83–96. doi:10.2147/JIR.S69656
  2. Chevalier G, Sinatra ST, Oschman JL, Delany RM. Earthing: Health implications of reconnecting the human body to the Earth’s surface electrons. Journal of Environmental and Public Health. 2012;2012:291541. doi:10.1155/2012/291541
  3. Chevalier G, Mori K, Oschman JL. The effect of earthing on human physiology. European Biology and Bioelectromagnetics. 2006;600:600.
  4. Brown D, Chevalier G, Hill M. Pilot study on the effect of grounding on delayed-onset muscle soreness. Open Access Journal of Sports Medicine. 2015;6:305–317. doi:10.2147/OAJSM.S88093
  5. Chevalier G. Changes in pulse rate, respiratory rate, blood oxygenation, perfusion index, and blood pressure following earthing of human subjects for 40 minutes. Journal of Alternative and Complementary Medicine. 2010;16(1):81–87. doi:10.1089/acm.2009.0396
  6. Ghaly M, Teplitz D. The biologic effects of grounding the human body during sleep as measured by cortisol levels and subjective reporting of sleep, pain, and stress. Journal of Alternative and Complementary Medicine. 2004;10(5):767–776. doi:10.1089/acm.2004.10.767
  7. Frontiers in Pediatrics. Being barefoot improves children’s motor performance. Frontiers in Pediatrics. 2018;6:115. doi:10.3389/fped.2018.00115
  8. Biomedicines. Effects of grounding mats on stress-related biomarkers in animal models. Biomedicines. 2023;11(3):765. doi:10.3390/biomedicines11030765

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